Wednesday, March 16, 2011

Cinco minutos de silencio y el precio de la libertad

El día de ayer se cumplieron 1724 días de cautiverio de Gilad Shalit, soldado israelí secuestrado por el Hamas en 2006. El público israelí en forma masiva paró, a las 11 de la mañana, durante cinco minutos, uno por cada año en cautiverio, en señal de identificación y diría yo, o quisiera decir, en señal de protesta.
En un excelente artículo en Haaretz, Yosi Sarid, nos muestra nuevamente la hipocresía existente en la capa de liderazgo israelí (Sarid -  Haaretz Daily Newspaper | Israel News). Desde el Presidente del Estado pasando por los miembros del parlamento e incluyendo al propio Ministro de Defensa se unieron en la manifestación intentando, y en cierta forma logrando, transformar un acto de protesta en un acto exclusivamente de empatía. En palabras de Sarid: "llamar a "liberar a Gilad Shalit sin reconocer el precio a pagar es evasivo, cobarde y engañoso." No podemos en una misma frase decir "liberen a Gilad" y "no liberar terroristas ni negociar con el Hamas." Fue esto lo que la mayoría de políticos hicieron sin entender o entendiendo demasiado bien que el acto de ayer no fue una acción de empatía y si una acción de protesta.
Debo agradecer que no sea ni el Primer Ministro ni el Ministro de Defensa y no tengo que decidir si aceptar las demandas del Hamas y liberar a Gilad Shalit o negarme y permitir que esta organización terrorista siga manteniendo en captura a Shalit.
Más de una vez la realidad hace que los mitos en los cuales toda sociedad se basa jueguen en contra de la misma. En este caso, el mito de que Israel no deja a nadie atrás, que el ejército prefiere arriesgar la vida de sus soldados para rescatar a un compañero, o que el Estado no va a ahorrar esfuerzos en liberar a todo soldado; no sólo está mostrando ser falso sino que está jugando en contra. Es verdad que más de una vez Israel ha hecho esfuerzos enormes para liberar prisioneros, desde Entebe hasta el acuerdo Jibril, Israel arriesgó y pagó un precio muy alto para recuperar a su gente. Al mismo tiempo, soldados han quedado atrás, es la cruel realidad de la guerra y mientras continúe esta continuará siendo la realidad.
¿Significa esto que hay que romper con el mito y hacer entender a la sociedad que Israel no va ni puede pagar cualquier precio para liberar a sus soldados? Mi respuesta es no. Gran parte de la fibra social israelí se encuentra en el ejército y en los mitos que la rodean, principalmente el que no se deja a un compañero atrás. En momentos donde las divisiones sociales en Israel crecen cada vez más y sectores importantes de la población cuestionan elementos integrales de la sociedad, romper el mito dejando atrás a Gilad Shalit tendrá un costo social enorme. Israel no puede darse el lujo, como ocurre en EEUU, de que sean los sectores minoritarios los que cubran el costo de defender el Estado. Ante los desafíos que Israel enfrenta y va a enfrentar, es necesario que los sectores sionistas laicos sigan creyendo en el ejército y sigan participando activamente del mismo como todavía ocurre. Romper el pacto dejando a Shalit atrás puede llevar a un quiebre importante y el costo puede ser enorme.
¿Justifica esto la liberación de cientos de terroristas del Hamas? Mi respuesta es sí. Nos guste o no nos guste, en esta batalla el Hamas ya ganó. Al menos que se produzca un rescate militar, algo que parece imposible, el Hamas va a salir victorioso. A cambio de Shalit va haber que liberar terroristas, no hay escapatoria. Israel lo ha hecho en el pasado y tendrá que volver a hacerlo. El argumento del anterior y principalmente del actual gobierno que la liberación de terroristas va a aumentar el terrorismo y va a aumentar el incentivo para capturar otros soldados, es débil.
La capacidad de reclutamiento y entrenamiento del Hamas, lamentablemente sigue existiendo, y seguirá aumentando mientras no se avance en el proceso de paz. Su incentivo en capturar soldados israelíes siempre existió y seguirá existiendo, liberemos o no liberemos terroristas. La toma de prisioneros del enemigo es parte de la guerra y el Hamas sabe bien que para Israel el secuestro de soldados es de los peores golpes y lo seguirá intentando. La forma de combatir esto es principalmente política y tiene una sola dirección, la renovación del proceso de paz. Un acuerdo con los palestinos no eliminará ni al Hamas ni su interés en continuar el terrorismo, pero indudablemente le será mucho más difícil.  No me convence el argumento de que la liberación de terroristas pondrá en mayor peligro la seguridad de Israel o el control del Fataj en los territorios. El real peligro a la seguridad de Israel y la continuidad del Fataj se encuentran en el estancamiento de las negociaciones.
Cuando en 1997 Netanyahu cometió el gravísimo error de impulsar una misión del Mosad para matar a Haled Mashal en Jordania y la misma fracasó, no dudo tanto en liberar a Ahmed Yassin. No sólo liberó al líder principal del Hamas sino que convirtió a un gris Mashal en un héroe que lo llevó a convertirse hoy en día en líder del Hamas. Esta vez, el secuestro de Gilad Shalit no fue su error ni ocurrió durante su guardia, pero es Netanyahu el que tiene la obligación de decidir el retorno de Gilad a casa.
Ayer a las 11 de la mañana yo junto con otros miles paramos no sólo en señal de empatía con la familia Shalit sino en señal de reclamo y protesta. Ayer dijimos y hoy decimos: paguen el precio y liberen a Gilad. Paremos nuevamente por cinco minutos y no permitamos que el actual liderazgo político elimine el real contenido de la protesta. Y por favor que no tengamos que parar por seis minutos.

No comments:

Post a Comment