Poco menos de una semana después del comienzo de las manifestaciones populares en Egipto que llevaron a la caída de Mubarak la comisión de presupuesto de la Knesset, aprobó por dos votos contra uno el traspaso de setecientos millones de shekel al sistema de seguridad. Sin necesidad de protestas, huelgas, reuniones interminables con los burócratas del Ministerio de Finanzas, las agencias de seguridad recibieron su dinero proveniente de las reservas del Estado. Inclusive no hubo necesidad de una campaña mediática mostrando las nuevas – viejas amenazas que justificasen el aumento de presupuesto; los jóvenes en la plaza Tahrir hicieron el trabajo en forma excelente y ahora con la ayuda del Hamas ya se habla de unos doscientos sesenta millones más para la seguridad.
Mientras tanto en los últimos meses el país ha visto la protesta y huelga de las enfermeras, los trabajadores sociales y ahora los médicos. Ni la comisión de presupuesto ni ninguna otra comisión del parlamento se reunió ni siquiera a discutir la pésima situación laborar de estos sectores y los políticos mutis por el foro. En una maniobra típica del sistema, estas huelgas fueron tratadas por los tecnócratas del Ministerio de Finanzas, estableciendo claramente que el tema no es político sino técnico. Estos burócratas, que no fueron elegidos por nadie y comprometidos en defender el sistema neoliberal, enfrentan las protestas con ataques en la prensa y con juegos de ego y poder frente a los trabajadores.
La Histadrut por su lado ha mantenido su falta de solidaridad sin impulsar lo que para muchos sería lo mínimo que debería hacer, una huelga general o al menos una amenaza de huelga de los sectores fuertes como los puertos y aeropuerto. Y para peor, la última intervención de Ofer Eini, líder de la central de trabajadores, trajo un acuerdo pésimo para los trabajadores sociales que luego de casi un mes de huelga retornaron a su trabajo bajo un acuerdo laborar mucho peor de lo que hubieran podido llegar y sin lugar a duda peor de lo que merecen.
Las declaraciones del jefe del departamento de sueldos del Ministerio de Finanzas diciendo que los médicos no tienen de qué quejarse y que siempre pueden trabajar en el mercado privado es, no sólo un insulto, sino un mensaje claro de las intenciones del Estado en continuar el cambio en el sistema de seguridad social israelí. Estas declaraciones muestran dos elementos a tener en cuenta que marcan la dirección del cambio: la reducción del sistema público y la promoción de la privatización de la seguridad social. No hay duda que con burócratas como estos, Netanyahu puede tranquilamente seguir viajando por el mundo.
El rol que cumplen los tecnócratas del Ministerio de Finanzas no es casualidad. Esta táctica de depolitizar, es decir, ubicar el problema como técnico y no como político, es una táctica empleada para reformar la protección social reduciendo el costo político. De esta forma los políticos lograron quebrar a los trabajadores sociales reduciendo la mala propaganda que esto implica. Al presentar la protesta de los trabajadores sociales y los médicos como un problema que deben resolver en negociaciones con los oficiales del Ministerio de Finanzas, sin intervención de ningún político o ministro, estos últimos alejan el conflicto de su área reduciendo o eliminando su responsabilidad frente al público. Y en el caso de que las negociaciones sigan fracasando siempre pueden intervenir a último momento y promover un acuerdo que los haga aparecer como los salvadores de la patria, como si no fueran responsables desde el comienzo de resolver el problema.
El hecho de que un grupo de tecnócratas los cuales no fueron elegidos democráticamente definan la política económica y social del país es un golpe a la democracia. Pero como vimos, no es casualidad que se deje en manos de burócratas el manejo y resolución de estos conflictos, y en una sociedad donde la central de trabajadores no apoya a sus miembros más débiles, y en donde la solidaridad social escasea, estas tácticas de depolitización funcionan bien.
Por suerte en este país hay elecciones y el pueblo va a decidir. La pregunta que uno se hace es si después de la caída de la izquierda israelí y del golpe dado por Barak al laborismo, surgirá en Israel una opción social demócrata. El problema es que aunque surja esta opción, mientras el tema exclusivo en la arena política electoral israelí siga siendo la seguridad y los palestinos, las posibilidades de una social democracia son limitadas. Si absolutamente nadie, ni los supuestos medios de comunicación izquierdistas ni los sectores sociales, protestaron por el pasaje de setecientos millones de shekel al sistema de seguridad mientras el país va de huelga en huelga, la opción social demócrata se aleja.

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