Vivimos en un mundo donde el pasaje de bienes, servicios y capital es prácticamente libre. Hoy en día cualquier persona puede transferir dinero de un país a otro simplemente apretando un botón. La facilidad con la cual productos son llevados de un país a otro es enorme. Cualquier empresa puede hoy en día trasladar su producción a otro país prácticamente sin problemas. Multinacionales han trasladado su producción a diversos lugares del planeta con el objetivo de abaratar costos. Empresas textiles en Israel han trasladado su producción a Jordania, por ejemplo; y grandes empresas han creado los sweatshops en países del tercer mundo empleando en condiciones inhumanas a hombres, mujeres y niños sin discriminar a nadie en la explotación. Mientras los productos y el capital se mueven prácticamente sin restricciones, las restricciones al libre paso de personas siguen en pie y se hacen cada vez más fuertes.
Estas enormes restricciones no han impedido ni reducido la inmigración. En un mundo globalizado, donde todo se puede traspasar de un lugar a otro, seguir manteniendo las enormes restricciones a la inmigración es problemático. Que empresas estadounidenses, por ejemplo, establezcan maquiladoras en México explotando al mismo tiempo a trabajadores mexicanos y estadounidenses, es visto como parte del nuevo mundo económico; pero restringir la entrada de mexicanos a los Estados Unidos es permitido y para muchos cuanto más restricciones mejor.
Esta situación casi absurda tiene como una de sus expresiones el fenómeno de la inmigración ilegal. Miles de personas entran en forma ilegal a un país en busca de una vida mejor y son en la mayoría de casos explotados por las fuerzas locales. Trabajan por sueldos inmorales sin ninguna protección social o legal. Por su parte esto permite reducir la capacidad de negociación de los trabajadores locales ya que hay una gran cantidad de personas dispuestas a trabajar por menos del salario mínimo y sin pago a seguridad social. Al mismo tiempo el gobierno utiliza a los trabajadores extranjeros como excusa para justificar el desempleo, argumentando que son estos trabajadores los que ocupan el lugar de los trabajadores locales.
En muchos lugares, los trabajadores locales o los sectores locales populares, en vez de unirse a los inmigrantes ilegales y luchar por sueldos dignos y protección social para todos, aceptan los argumentos del gobierno y en muchos casos dan rienda suelta a toda expresión de nacionalismo y racismo. El sistema de por un lado culpar a los inmigrantes ilegales de los problemas de la falta de trabajo y expulsarlos, mientras por el otro dejar entrar por la puerta de atrás a nuevos ilegales para mantener el sistema, reduce la solidaridad entre los trabajadores; solidaridad que en muchas sociedades ya se ha perdido hace tiempo.
¿Qué hacer? De la misma forma que se permite un traslado prácticamente libre de capital y bienes, lo mismo debe hacerse con las personas. Las únicas restricciones que deben existir son si el inmigrante pone en riesgo la seguridad pública, por ejemplo un terrorista o criminal, etc.
Más de uno preguntará por qué un estado que ha logrado un amplio desarrollo económico debe permitir que personas de otros países más pobres aprovechen los beneficios. Por un lado no tenemos inconveniente que empresas locales cierren su producción en el país y abran en otros lados bajo condiciones laborales pésimas. No tenemos problema de consumir productos producidos en sweatshops, aprovechar recursos naturales de otros, y otros mecanismos de explotación, siempre y cuando el extranjero no venga a mi tierra. ¿Quieren reducir la inmigración laboral? Ayudemos al desarrollo de los países menos desarrollados, eliminemos la explotación y los abusos y les aseguro que la inmigración laboral se reducirá.
La gran mayoría de los inmigrantes se quedarían o volverían a su lugar de origen si en allí pudieran desarrollarse y mantener una vida digna para ellos y sus familias. Para todos los nacionalistas y racistas que en Israel se manifestaron y manifiestan en contra de los inmigrantes africanos, sepan que muchos de ellos están volviendo a sus casas luego de la victoria en el plebiscito para la independencia de Sudán del Sur (Back into Africa).
No es mi posición hacer que los inmigrantes dejen de venir o se vuelvan a sus países. Creo que el aporte cultural y económico de la inmigración es mucho más positivo que negativo. Como dijo una persona (la mantengo anónima) en una conferencia reciente sobre Latinoamérica: "…luego de décadas de inmigración latina a España, de repente los españoles son más simpáticos…" Yo agregaría también que juegan mejor al futbol. ¿Qué harían las selecciones europeas de fútbol y el fútbol europeo en general sin la inmigración?

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